
Sin motivo aparente, recordé un pasaje de Mafalda en el que el papá de Manolito recibe un papel enviado por la maestra, que dice: "Sr. Goreiro: su hijo más que hacer los deberes, los perpetra".

Leyendo el blog de Maktub, pensaba en los pequeños karmas cotidianos, esas cosas como ir al banco y que te toque la cola que no se mueve nunca, o que el cajero se vaya a almorzar justo cuando te van a atender. Pero como soy jodido, no puedo más que explayarme sobre mi infalible sistema para sentirse mejor, a través de complicarle metódicamente la existencia a los demás. Esto se llama “vénguese de la vida”, y es de mi autoría.
La filosofía basal de mi manera de pensar es que todo en la vida tiene que ser recíproco. No digo justo, sino recíproco, que es distinto. Para hacer el concepto más asequible, explico con ejemplos la enorme diferencia entre justo y recíproco.
Si alguien tiene un problema, pero no tuvo nada que ver con las condiciones que lo desataron, alguien puede pensar que eso es algo injusto. Esa persona sufre un inconveniente por algo en lo que no tuvo participación, y sin motivo aparente se encuentra perjudicada. Hasta ahí vamos bien.
Si alguien es deshonesto, y lo pescan, es justo que sufra las consecuencias. Si un individuo me estafa, es justo que lo sancionen por ello, pues está teniendo un trato injusto para con otro. Correcto, el tema es que cuando no es sancionado, porque evade la pena de algún modo, sólo queda la injusticia que sufre la víctima, pues el victimario sigue indemne.
En la reciprocidad, yo devuelvo al otro lo que el otro me dió, justo o no. Si una persona me brinda un buen trato, le respondo con el mismo trato (casi casi en esa calidad, siempre un poquito menos). Si una persona me provoca un perjuicio, intento devolvérselo, no espero sanción para el causante real del problema, porque no siempre es efectiva, como ya dije.
El tema es que cuando yo sufro un perjuicio, y el otro no ha tenido intención de provocármelo, el concepto de justicia dice que no siempre yo tengo derecho a un resarcimiento, porque quien me complicó la vida hizo lo que consideraba justo, o era su obligación, porque cumplía ordenes de otro, y era ese otro el que provocó la situación abusiva.
Entonces, redondeando: si voy a la cola de un banco, y encuentro 30 clientes y sólo 2 cajas, la persona que cree en la justicia diría que no es correcto que me la agarre con el cajero, porque hace su trabajo y no es su culpa que el banco contrate a dos salames para hacer el trabajo de cuatro. Yo, que soy ferviente seguidor de la reciprocidad como forma de vida, digo que me importa poco quién tiene la culpa, sino quién está frente a mí en el momento de sufrir el perjuicio. O sea, dicho en pocas palabras: le hago la vida imposible al cajero.
Alguno dirá “al final, sos un tipo jodido”. Y si, puede ser, pero como dije antes, muchas veces esgrimimos un reclamo justo, pero no hay sanción para nadie, porque quien nos provoca el perjuicio, no es el causante directo del daño, sino un peón al que mandan al frente mientras tejen estrategias tres cuadros más atrás. Yo no me rompo la cabeza intentando justificar a nadie, voy a lo simple, y me la agarro con el primero que encuentro.

- Asóciese con el necesitado, él aceptará gustoso, esperando beneficios. Explíquele que para obtenerlos, primero es necesario invertir. A esta altura ya debería saber qué le ocurrirá a su socio.
- Confeccione estrategias complejas, y explíquelas como si fuese lo más simple del mundo. No tienen por qué saber que usted demoró en pensarlas. Si necesita tiempo, invente reuniones importantísimas.
- Recuerde a Maquiavelo: nunca dé usted las malas noticias, deje eso para un subordinado. Ocúpese en cambio de vociferar las buenas nuevas.
- Si ha decidido atacar a un enemigo pero sin eliminarlo, será preferible no provocarle demasiado daño, porque podría convertirse en alguien útil en el futuro.
- Si perdona a alguien, hágalo saber, que comprendan que usted no es bueno, sino ecuánime y justo. Así, justificará también los castigos. Si recibe algún planteo, solo bastará recordar el perdón anterior.
- Sea generoso pero sólo cuando haya testigos, o cuando el destinatario fuese alguien útil.
- No honre nunca sus deudas, salvo que el hecho de hacerlo le permita obtener nuevos créditos del mismo acreedor o de otro mayor. Si alguien lo presiona, haga que terceros tomen créditos con él que luego le darán a usted, entonces, cuando el acreedor esté necesitado, ofrezca su mano, tomándolo todo.
- Organícese, el gran problema del crimen, es que no está organizado. Usted es un empresario, no un hampón, la diferencia entre un empresario y un hampón radica en los beneficios a largo plazo, y la imagen que el resto tenga de usted. Todo es cuestión de orden.
- Si su rival es más débil, aplástelo y comunique los hechos como una cosa menor. Si el rival es igual, quítele adeptos y luego haga lo mismo que con el débil. Si el rival es más fuerte, no lo enfrente, infíltrelo, debilítelo, ya llegará el momento en que se convierta en un igual. Mientras tanto, ocúpese de aplastar más y más débiles.
- Tenga usted en cuenta que las fuerzas de la ley son simplemente otra corporación, y que todas las corporaciones tienen intereses comunes, solo hace falta buscar el punto en que se pueden encontrar. El dinero, habitualmente, indica el camino a seguir para llegar a ese encuentro.
- Observe a su alrededor, analice las necesidades del entorno, siempre hay alguien útil y alguno con necesidades. Intente ser el primero en notarlo.
- Una formación adecuada hace más eficiente al negocio. Si no tiene tiempo para educarse, procure consejo de otros más formados, pero apropie esas ideas. Recuerde que si usted paga, las ideas son suyas. Nunca tenga un solo consejero, coloque siempre un contrapeso, y ubíquese en el medio de ambos, ecuánime y conciliador. La competencia mantendrá despiertos a ambos.
- Intente siempre mantener una fuente de ingresos genuina, porque por más ridícula que parezca, usted con ella mostrará que se gana la vida honestamente. El resto, deberá ser comprobado.
- En caso de duda, recuerde que primero está usted, luego sus subordinados. Ellos no son nada sin su dirección, así que jamás se sacrifique por el resto, porque los condenará al fracaso. Es por el bien de ellos.